El terremoto en Venezuela nos recordó que la vida puede cambiar en un instante: la urgencia de no postergar lo esencial.
Hay acontecimientos que no solo sacuden la tierra; también remueven con fuerza nuestras prioridades, cuestionan las certezas cotidianas y nos obligan a mirar la existencia desde una perspectiva completamente diferente. El reciente movimiento sísmico ocurrido en Venezuela dejó una profunda huella emocional en miles de personas, sirviendo como un duro recordatorio de una realidad que muchas veces olvidamos: el tiempo no siempre concede una segunda oportunidad.
Más allá del temor provocado por el temblor, una gran parte de la población continúa experimentando secuelas psicológicas como ansiedad, hipervigilancia, dificultad para conciliar el sueño o la persistente sensación de que el suelo sigue moviéndose bajo sus pies. Sin embargo, el impacto ha ido más allá de lo físico. Para muchos, este evento se ha convertido en un espejo que los lleva a preguntarse cuánto tiempo llevaban dejando para "después" las conversaciones difíciles, los abrazos, las reconciliaciones o las demostraciones sinceras de afecto.
En un país donde este tipo de fenómenos naturales no forma parte de la rutina, la percepción de vulnerabilidad e incertidumbre empuja a las personas a reevaluar aquello que realmente consideran importante. Para Deisy Terán Tosta, coach de vida y especialista en Programación Neurolingüística (PNL), estas experiencias extremas son, en el fondo, una invitación a desarrollar una mirada más consciente sobre la forma en que vivimos el presente.
“Muchas veces creemos que siempre existirá un mañana para llamar a nuestros padres, visitar a un amigo, pedir perdón o decir 'te quiero'. Sin embargo, cuando un acontecimiento inesperado altera nuestra sensación de seguridad, comprendemos que algunas cosas no deberían depender de otro día, sino del momento en que nacen en el corazón”, explica la especialista.
El valor de las emociones desde la PNL
Desde la perspectiva de la Programación Neurolingüística, uno de los principios fundamentales consiste en reconocer que los seres humanos interpretamos la realidad a través de nuestro propio filtro de experiencias, creencias y emociones. Cuando un evento imprevisto e impactante como un sismo irrumpe en la rutina, es completamente normal que esta interpretación cambie y surjan emociones de gran intensidad.
Lejos de considerarlas una señal de debilidad o flaqueza, la PNL propone entender el plano emocional como una fuente de información sumamente valiosa para nuestra supervivencia y adaptación:
El miedo: Cumple la función biológica de protegernos ante el peligro.
La tristeza: Permite procesar y elaborar las pérdidas sufridas.
La rabia: Moviliza los recursos internos necesarios para adaptarnos al cambio.
La incertidumbre: Actúa como un recordatorio de que necesitamos reconstruir nuestra sensación de seguridad.
Por ello, los psicoterapeutas y coaches coinciden en que ninguna emoción debe ser minimizada ni desestimada. Gestionar lo que sentimos no significa, bajo ningún concepto, reprimirlo o dejar de sentirlo; consiste en reconocer el estado emocional, darle un espacio de expresión saludable y evitar que sea este el que tome el control absoluto de nuestras decisiones.
Aprender a diferenciar lo urgente de lo postergable
Uno de los mayores aprendizajes colectivos que deja una crisis de esta magnitud es la capacidad de discernir entre lo que realmente puede esperar y aquello que merece nuestra atención inmediata. La especialista Deisy Terán Tosta señala que, si bien hay metas y proyectos que requieren planificación, existen gestos humanos que no admiten más demoras:
| Asuntos que pueden planificarse y esperar | Acciones esenciales que no deben postergarse |
• Los proyectos profesionales y laborales. • El desarrollo de metas económicas a mediano plazo. • Las decisiones de negocio que requieren fría reflexión. | • Expresar afecto y decir "te quiero". • Pedir disculpas y reconciliarse. • Agradecer, visitar a los seres queridos y escuchar a quien nos necesita. |
“Con frecuencia no aplazamos estas acciones por falta de tiempo, sino porque operamos bajo la falsa creencia de que siempre habrá otra oportunidad. La PNL nos ayuda a identificar esas creencias limitantes y a preguntarnos si realmente representan la vida con sentido que queremos construir”, afirma Terán Tosta.
El respeto a los procesos individuales
Tras el sismo, los especialistas hacen un llamado urgente a evitar juzgar las reacciones propias o las de los demás. La asimilación del trauma es un camino individual y sumamente diverso: mientras algunos necesitan hablar constantemente del suceso para desahogarse, otros requieren periodos de absoluto silencio. Hay quienes rompen en llanto de forma inmediata, mientras que otros tardan días o incluso semanas en procesar internamente lo ocurrido. Todas estas respuestas son profundamente humanas, válidas y merecen el mayor de los respetos dentro del entorno familiar y social.
A fin de cuentas, la lección más persistente que deja el temblor en Venezuela es la importancia de vivir con mayor presencia. No se trata de instalarnos en un estado de paranoia o miedo constante, sino de cultivar la conciencia de que el tiempo compartido con quienes amamos es el recurso más valioso que poseemos; un valor que, lamentablemente, muchas veces solo descubrimos cuando sentimos que estamos a punto de perderlo.
La vida no nos exige vivir angustiados por el futuro, sino habitando plenamente el presente. Al aprender a expresar lo que sentimos y a valorar a las personas en el aquí y el ahora, dejamos de aplazar lo verdaderamente importante. Porque a la larga, los compromisos materiales pueden esperar, pero un abrazo, un perdón o un "gracias" a tiempo son obsequios que nunca debieron quedarse para mañana.
1. Guía para acompañar a niños y adultos mayores
Las crisis sacuden con mayor fuerza a quienes dependen de un entorno estable para sentir seguridad. La forma en que procesan el trauma un niño y un anciano es distinta, por lo que el abordaje debe ser diferenciado.
En niños: Reconstruir el mundo a través del juego y la verdad
Los niños absorben el estrés de los adultos que los rodean. Si ven caos, entran en pánico; si ven contención, aprenden a regularse.
Evita las mentiras piadosas: Decir que "no pasó nada" confunde al niño porque su cuerpo sintió el peligro. Es mejor usar una analogía simple: "La Tierra es como un gigante que a veces necesita estirarse y acomodarse. Eso hace que todo se mueva, pero estamos juntos y seguros".
El juego como terapia de descarga: Los niños no siempre expresan el miedo con palabras; lo hacen con pesadillas, orinándose en la cama o volviéndose más apegados. Invítalos a dibujar lo que sintieron o a jugar con plastilina. Moldear y romper ayuda a liberar la tensión física acumulada por el cortisol.
Involúcralos en la seguridad: Dales una tarea pequeña dentro del plan familiar (por ejemplo, ser el encargado de tener a la mano la linterna). Esto los saca del rol de víctimas indefensas y les devuelve una sensación de control.
En adultos mayores: Validar la fragilidad sin restar autonomía
En la tercera edad, un sismo reactiva el miedo a la pérdida total de la autonomía, a las caídas o a revivir crisis del pasado.
Paciencia ante la repetición: Es muy común que un adulto mayor necesite contar la historia de cómo vivió el temblor una y otra vez. No lo frenes ni le digas "ya abuelo, eso pasó". Cada vez que lo narra, su cerebro procesa un fragmento del trauma y disminuye la carga de ansiedad.
Evita el aislamiento: La tendencia al aislamiento empeora la hipervigilancia. Mantén rutinas sencillas de conversación, costura, juegos de mesa o preparación de alimentos en espacios seguros de la casa.
Monitoreo físico sutil: El estrés postraumático en ancianos suele somatizarse de forma inmediata (picos de presión arterial, arritmias o desorientación). Monitorea sus valores médicos sin alarmarlos.
2. Técnicas de PNL para calmar la ansiedad y la hipervigilancia
La Programación Neurolingüística se basa en cómo el lenguaje (verbal y corporal) programa nuestra mente. Cuando ocurre un sismo, el cerebro se queda "enganchado" en el canal visual y kinestésico del peligro. Estas técnicas ayudan a hackear esa respuesta.
Técnica de Anclaje de Seguridad (Para frenar ataques de pánico)
El objetivo es asociar un estímulo físico con un estado de calma profunda para activarlo cuando sientas que vas a desregularte.
Técnica de Cambio de Submodalidades (Para la sensación de que "el suelo se mueve")
La hipervigilancia hace que sientas mareos o la falsa percepción de réplicas constantes. La PNL aborda esto cambiando las propiedades de la imagen mental.
Congela la película: Si te llega el recuerdo del temblor, visualízalo en tu mente como una pantalla de televisión.
Quítale fuerza: Imagina que tienes un control remoto en la mano. Sácale el color a la escena hasta que quede en blanco y negro. Luego, reduce el tamaño de la pantalla hasta que sea del tamaño de una estampilla.
Aléjala: Imagina que esa estampilla se va alejando hacia el horizonte hasta desaparecer. Este ejercicio rompe el bucle de la amígdala cerebral y le avisa al cuerpo que el peligro ya pasó.
Ejercicio de "Enfoque Externo" (Grounding)
Cuando la mente se quede atrapada en el "¿Y si vuelve a temblar ahora mismo?", usa el comando verbal "Stop" (Detente) de forma firme en tu mente y reconecta con tus cinco sentidos en el espacio físico actual:
Nombra en voz alta:
5 cosas que puedas ver a tu alrededor (una silla, un cuadro, tus zapatos...).
4 cosas que puedas tocar físicamente (la textura de tu ropa, la mesa fría...).
3 sonidos del entorno presente (un carro pasar, el refrigerador, el viento...).
2 olores que percibas en el ambiente.
1 respiración profunda sintiendo cómo el aire llena y vacía tus pulmones.
Esto saca de inmediato a tu sistema nervioso del estado de proyección catastrófica del futuro y lo devuelve a la seguridad del presente real.
con NDP Deisy Terán Tosta


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